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¡DESGARRADOR! En el JM de los Ríos al menos 35 niños luchan por su vida y contra la escasez

Es terriblemente doloroso ver como a un ser querido se le va la vida, literalmente, en espera de remedio en los hospitales del país, donde la escasez de insumos e infraestructura adecuada son autoras de tantas muertes.

En el piso cinco del Hospital de Niños José Manuel de los Ríos unos 35 niños luchan por su vida. Pasan sus días entre inyectadoras, medicinas y el fantasma del “no hay”, reseñó Efecto Cocuyo.

Archivo

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Gabriel Mejías tiene un tumor cerebral. Llegó por primera vez al JM el 10 de mayo. Los últimos de enero se quejaba de persistentes dolores de cabeza y le empezaron episodios de náuseas y vómitos, por lo que Jacqueline Verdú, su madre, lo llevó al doctor. Todos los valores de la hematología se veían normales y, como por arte de magia, sus síntomas se calmaron durante unos días.

Una semana después, el cuadro regresó y Gabriel fue a visitar a un neurólogo. En Boconó, de donde es oriundo, solo hay uno que ve cada quince días, así que tuvo que esperar para poder atenderse. El doctor le indicó que tenía que hacerse una tomografía, pero el sitio más cercano donde podía realizarse era en Valera, es decir, a tres horas de casa.

Su mamá, incentivada por un familiar, decide que lo mejor es trasladarse hasta Caracas. En la capital Gabriel es atendido en el Hospital Militar, donde le descubren el tumor. Sin embargo, la travesía no terminaba: en el nosocomio no pudieron intervenirlo porque no tienen terapia intensiva para niños. Hubo que trasladarlo al JM, donde la intervención quirúrgica eliminó el 90 % del tumor.

Se tenía programado que el 10 % restante sería eliminado a través de quimioterapias, pero el caso de Gabriel se complicó. Desarrolló una bronconeumonía y, además, empezó a botar líquido por la herida de la operación. Tuvo que ser intervenido de emergencia. Estuvo dos días en terapia intensiva y, cinco días después de salir, le hicieron una tomografía que arrojó una terrible noticia: el tumor había vuelto a crecer.

Actualmente Gabriel pasa sus días en la habitación del JM, sin aire acondicionado, lo que puede provocar que contraiga una infección. Por las ventanas no solo pasan los rayos del sol: también entran moscas, que pueden convertirse en transmisores de enfermedades para los tres niños que la habitan.

Su mamá, Jacqueline, estaba estudiando para convertirse en bachiller cuando tuvo que abandonar sus estudios y dedicarse a cuidar a su hijo. El único sustento de la familia es su esposo, agricultor, quien además se encarga de hacer colas para conseguir los pañales de Gabriel. Además, debe viajar constantemente a Boconó, donde están los otros dos hijos de la pareja, por lo que Jacqueline se queda sola en Caracas “haciendo magia” para salir adelante.

“El hospital está muy deteriorado y las medicinas de Gabriel que tengo las he conseguido es a través de donaciones”, puntualizó. Gabriel necesita tres veces al día Berodual, Salbutamol y Budecort para tratar su condición pulmonar, “pero se me está acabando y no sé cómo voy a hacer después”.

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