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¡ASÍ ES LA VIDA EN SOCIALISMO! Diario de una semana en la Venezuela de la miseria y la carestía

Esta es la crónica publicada en El Mundo de España sobre los problemas de desabastecimiento en Venezuela, donde las largas colas, ya se han hecho cotidianas y hasta normales, en la “Venezuela de la carestía”. El reportaje fue realizado por Andreína Itriago en Caracas.

“Yo te recomiendo que no te metas ahí. Achántate (aguántate) que allá adentro hay bastante”. Quien habla es Luis González, autor del vídeo Trifulca por jabón Makro Los Teques (06/01/2015) que para el momento en el que redacto estas líneas tiene más de 200.000 visualizaciones en YouTube.

Luis y su interlocutor se encuentran en Los Teques, capital del estado venezolano de Miranda, específicamente dentro de una de las tiendas Makro, cadena local de mayoristas de productos alimenticios y no alimenticios. En los tres minutos que dura la grabación, ambos son espectadores de una escena dantesca en la que hombres y mujeres de todas las edades se enfrentan a golpes y empujones por una bolsa de jabón en polvo para lavar.

Se escuchan alaridos de horror. Se puede ver a personas caer al suelo. “¡Muertos de hambre!”, gritan algunos desde fuera del círculo que se formó alrededor de las bolsas de jabón. La cámara enfoca un poco más allá y quien se cree que es Luis dice: “Marico, mira a esa gente ahí, pobrecitos, huevón”, y una señora grita: “¡Mira, lo están ahogando!”. Un hombre es aplastado por la multitud. Algunos salen victoriosos con el preciado botín en mano. No agarraron todo lo que pudieron sino lo permitido por persona. Ahora deben pagarlo. No ha sido fácil. La jornada comenzó a las 6 de la mañana con una cola kilométrica para poder entrar al establecimiento. Son las 14 horas y todavía no termina.

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Uno de cada cuatro productos básicos escasea actualmente en Venezuela, de acuerdo con la encuestadora Datanálisis, que además estima que un venezolano invierte ocho horas cada semana en hacer la compra. Una jornada laboral. No en vano los ánimos están caldeados. Y los comerciantes, nerviosos. El dueño de unos supermercados ubicados en el este de Caracas asegura que, para evitar problemas con los usuarios, cada vez que llegan los pedidos de este tipo de productos, pide a sus empleados que los abran fuera del establecimiento, a la vista de los ansiosos compradores. “En una ocasión quisimos arreglarlos en los estantes y nos acusaron de acaparadores. Ahora lo hacemos así, que se peleen ellos fuera del establecimiento por la mercancía”, dice.

A este comerciante le extraña, sin embargo, que algunos compradores lleguen a hacer cola antes de que llegue el pedido, algunas veces desde la noche anterior. “Les preguntamos que por qué están haciendo la cola y nos dicen que porque saben que va a llegar un camión con tal o cual producto, cuando nosotros ni siquiera tenemos conocimiento de que ese pedido va a llegar. Son revendedores que tienen comunicación con quienes los distribuyen”, denuncia. Pero no todos los que hacen colas son revendedores. También hay muchos venezolanos, “normales y corrientes”, como decimos por aquí, que lo que queremos es comer o curar alguna enfermedad. Y mientras el Gobierno niega la escasez y habla de una “guerra económica”, y la oposición responsabiliza al Gobierno e insiste en que hay una “economía de guerra”, nosotros estamos ahí, en el medio, en nuestras colas.

Miércoles

El año arrancó sin servicio de agua potable en buena parte de Caracas. Las montañas de platos y ropa sucia crecen. “Tampoco hay con qué lavarlos”, pienso, con resignación. Miro un bulto de ropa por lavar que es más importante que la mía o la de mi esposo: la del bebé que traeré al mundo en poco más de un mes. Casi 7.000 kilómetros viajó esa ropa con nosotros en octubre del año pasado, desde Madrid hasta la capital de Venezuela, después de que viviéramos un año en España. Siento unas ganas enormes de llorar. Me contengo y salgo del trabajo decidida a buscar otra cosa: las pastillas que me recetó el obstetra para combatir la anemia durante el embarazo. La recta es larga, no porque deba tomar varios fármacos sino porque los médicos, conscientes de que la escasez de medicinas ronda el 70%, de acuerdo con la Federación Farmacéutica de Venezuela, ofrecen varias alternativas al medicamento principal. Visito dos farmacias en el sureste de Caracas y no consigo ninguno. Antes de regresar a casa me detengo en una zona industrial. Queda un paquete de una de las alternativas. Lo compro.

Las pastillas me las recetaron para complementar las vitaminas prenatales que, afortunadamente, tuve la previsión de comprar en Madrid para todo el embarazo. En Venezuela, me decían otras madres antes de que viajara, no se conseguían (ni se consiguen aún). Las metí cuidadosamente dentro de la maleta junto con productos para el embarazo y para el bebé (cremas, toallitas húmedas, entre otros), que también me decían que escasean.

El día del viaje llegué tarde a Barajas, por lo que no pude forrar con plástico mis maletas, previsión que tomo siempre que salgo o entro a Venezuela. Como muchos, en ocasiones anteriores había sido víctima de robos en el aeropuerto de Maiquetía (ciudad de Caracas), así que la idea de que mi equipaje sólo estuviera protegido por un candado. Me atormentó durante nueve horas de vuelo. De las cinco maletas que llevábamos mi esposo y yo llegaron cuatro. “Perdí todo”, pensé horrorizada, mientras recordaba que traía champú y jabón de baño, desodorante, repelente de mosquitos para el chikungunya (una enfermedad vírica transmitida por estos insectos), acetaminofén y todas las cosas del bebé… productos que no hay aquí. Hice la reclamación sin esperanza y me fui. Pasaron dos días y me llamaron. Otro pasajero se había llevado mi equipaje por equivocación. Recuperé mi pequeño tesoro en tiempos de carestía.

Jueves

En la avenida principal se ha formado una larga fila de coches. Rápidamente diviso el origen: el supermercado. He pasado 28 años frente a ese lugar y nunca antes lo había visto así. Llego al barrio en el que trabajo y paso al lado de otro súper. También hay decenas de personas esperando y vigilancia policial. La situación se repite en otros barrios de Caracas y del interior del país. El motivo: llegaron productos que tenían meses sin existencias como champú, pañales, desodorante, detergente, harina de maíz, leche… A través de un grupo de futuras mamás en Whatsapp me entero de una farmacia en el este de la capital donde hay pañales. No pregunto talla ni marca, eso no es importante con tal de conseguirlos. En última instancia, después los puedo cambiar o ayudar a otras mamás. Salgo un poco más temprano del trabajo para buscarlos pero no tengo suerte. “Los pañales se acabaron”, me dicen en la puerta de la farmacia.

El Gobierno insiste en negar la escasez y la atribuye a una “campaña de desestabilización de medios de la derecha”.

Viernes

Pasé la primera mitad del embarazo en Madrid, donde tomaba leche a diario. Desde que regresé me ha costado conseguirla. Los exámenes médicos que me hicieron evidenciaron las consecuencias. Hoy tampoco tengo suerte con eso, pero sí consigo pan de sándwich, que la semana anterior no había visto, huevos, queso, jamón de pavo, yogurt, zumo, salchichas, tocineta, frutas frescas, galletas, lechugas, agua mineral. Productos que se habrán consumido en menos de una semana y por los que pago más de la mitad del salario mínimo.

La fila para pagar de la tercera edad, personas con discapacidad y embarazadas es igual de larga que las demás. No hay carritos suficientes para todos, así que quienes van entrando, van tomando los de aquellos que están pagando. La gente está nerviosa, hay rumores de que algo va a suceder, de que la situación va a explotar. Mientras tanto, el presidente Nicolás Maduro inicia en Irán una gira por los países que integran la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), con la intención de fortalecer el petróleo y la economía del país.

Sábado

Como cada sábado voy al mercado municipal de Chacao, uno de los cinco municipios que conforman Caracas. Unos conocidos me habían comentado que el día anterior se había armado una pelea por café. Además, a una amiga de la familia le habían arrebatado la carne de ternera que había comprado. Pero hoy todo parece normal, sólo que hay muchas más personas de las que usualmente van. Para adquirir zumos hago una fila de más de 15 minutos, cuando los fines de semana anteriores me atendían directamente. Con facilidad compro algunos vegetales, verduras y hortalizas en la planta de abajo. Me acerco al pasillo de los quesos y productos lácteos y rápidamente desisto de hacer la fila en uno de los puestos, luego de haber pasado más de 10 minutos parada en un mismo lugar. Opto por comprar pollo, pero la fila es aún más larga. Carne no hay.

De regreso a casa, retenciones en la autopista. A lo lejos se escuchan detonaciones y se ve el humo de las bombas lacrimógenas. En total, durante el fin de semana, habrán sido detenidas 16 personas en todo el país por protestar por las colas o por tomar fotos de las mismas.

Domingo

Me preocupa que en lo que va de año no he conseguido pañales y falta poco para la llegada de mi bebé. Los últimos tres meses había tenido un poco más de suerte y podía llevarme dos paquetes por semana, presentando mi cédula de identidad, cuando los veía. Ahora ni eso. Y este domingo visito tres supermercados y tres farmacias. No tengo suerte. Tampoco con el papel higiénico. Decido intentar con la carne, pero sólo hay neveras vacías. En cambio, consigo atún enlatado, de una marca que nunca antes había visto. Compro el máximo permitido: seis latas, a pesar de que el cajero me advierte que no es bueno.

Estoy cerca de un McDonald’s por lo que decido cenar allí. Pido mi menú con yuca (tubérculo sudamericano) porque desde principios de año no ofrecen patatas fritas para acompañar las hamburguesas. Junto a la caraota (judía negra que protagoniza el pabellón, plato típico venezolano) y el maíz, la patata es el producto agrícola que más escasea en estos momentos en Venezuela.

Lunes

En un programa de radio, escucho al presidente de la Confederación de Productores Agropecuarios decir que no pueden garantizar la producción de alimentos en el país por falta de recursos. Me llama una tía para decirme que en un pequeño supermercado chino ubicado en Coche, en el oeste de Caracas, están vendiendo un combo de cuatro paquetes de harina PAN (para preparar las arepas venezolanas), dos de aceite y una bolsa de jabón para lavar de dos kilos. Viajo 14 kilómetros para comprarlos.

Mientras hago esto, en el estado de Zulia, incautan toneladas de productos que presuntamente estaban escondidos desde septiembre de 2014: harina, arroz, detergente, pañales, champú, jabón en polvo y leche en polvo.

Martes

No tengo tiempo de cocinar y decido comer fuera. Mientras espero mi almuerzo, escucho a una señora decir que ha conseguido leche. Interrumpo: ¿Dónde? “En el Bicentenario, pero están atendiendo sólo por número de cédula”, me dice. Se trata del nuevo sistema de compras de acuerdo con el terminal del número de la cédula de identidad (el equivalente al DNI en Venezuela). La mía termina en 0. Para poder comprar algo debo esperar hasta el próximo lunes, cuando atienden a todos los clientes.

Por la tarde me llega el rumor de que hay carne de res y pollo en una pequeña charcutería ubicada dentro de una urbanización privada en el este de la capital, a más de 16 km de distancia de mi barrio. Me encuentro con una larga cola, a pesar de que la charcutería mantiene las puertas cerradas. No dan abasto. Había personas en cola desde las 6:00 am y ya se acerca la hora de cierre y no se quieren ir. “No entienden que hay suficiente. Entonces vienen y piden el doble o el triple de lo que comprarían normalmente. Mañana nos llega más”, me dice. Por mi condición me permite ponerme al frente de la cola y puedo comprar una bandeja de pollo y otra de carne.

Mientras tanto la inseguridad sigue haciendo de las suyas. En tan sólo 13 días, en la morgue de Bello Monte, en Caracas, ingresan 179 cadáveres, según cifras extraoficiales. Y las malas noticias no paran hoy. Once personas serán procesadas por la justicia venezolana: dos reporteros gráficos, por retratar las protestas por la escasez y las colas en supermercados y farmacias; y nueve manifestantes.

La situación puede ser peor. Al final de la semana, el presidente de la principal patronal de Venezuela vaticina: hay productos básicos para 45 días. En siete días, con ocho meses de embarazo, visité más de 15 supermercados y farmacias de Caracas en busca de productos básicos. No conseguí champú ni detergente (el desabastecimiento de estos productos ronda el 95%) y menos pañales. Pregunto por la leche y, en un súper, me informan de que, en lo que va de año, no les ha llegado. Paso por una farmacia dentro de un centro comercial y pregunto de nuevo por pañales. El vigilante me explica que no venderán más y que a partir de ahora sólo se conseguirán en tres de sus establecimientos en Caracas, ubicados al aire libre. ¿Por qué?, pregunto extrañada. “Por los saqueos que ha habido en Guarenas (estado de Miranda) y Maracaibo (Zulia)”. La cacería continúa.

El Mundo de España

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