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Habla un ex presidiario: “Los guardias cobran por pasar armas y comida, son quienes venden la droga”

José Francisco Tallaferro Zerpa, un ex funcionario de la antigua Disip, quien por una mala pasada del destino llegó tras las rejas en una de las cárceles más peligrosas del mundo. De recluso a abogado, y profesor universitario en la Universidad Bolivariana de Venezuela, mucho tiene que contar. Ahora busca una audiencia con Nicolás Maduro que le permita obtener un indulto que le abra las puertas para un posible escaño en la Asamblea Nacional en 2015.

Hoy comparte su experiencia en la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV) donde imparte materia penal, mientras ayuda a cientos de reos a acelerar su proceso en los tribunales.

Hace algunos días decidió, que debía poner toda su experiencia en favor de darle un vuelco al sistema de justicia venezolana.

– Para empezar, háblenos un poco de cómo cayó detenido.

– Siendo funcionario con experiencia de cuatro años en la Disip, el 27 de febrero del 2003, fui víctima de un atraco a mano armada en una unidad de transporte, allí saqué mi arma de reglamento y efectué dos disparos al suelo para intentar asustar a los antisociales; resulta que una de las balas alcanzó a un joven que estaba a unos 25 metros. Allí empezó mi calvario, un mal proceso penal, como la mayoría en este país, donde me acusaron de homicidio calificado. Intenté explicarle al fiscal lo que sucedió pero este, agobiado por el impacto público que se generó en ese momento, solicitó el calificativo más alto alegando que se trataba de negligencia e imprudencia.

Durante el juicio los testigos los prepararon bien, en ningún momento ninguno dijo que yo le preste ayuda trasladando al herido al hospital, que me quedé ahí hasta que falleció, que me había entregado a las autoridades para enfrentar mi responsabilidad.

carcel en venezuela gnb

– ¿Qué condena le aplicaron en su caso?

– Me sentenciaron a 18 años, luego mis abogados apelaron la decisión y lo bajaron a 13 años y posteriormente cuando tenía 3 años hice redención y me dieron un año y 4 meses, así la pena me llegó a 3 años y 4 meses, eso era ya un tercio de la pena, aunado a la buena conducta y a no poseer antecedentes penales, me otorgaron la libertad el 6 de agosto de 2.006.

– ¿Qué hiciste al salir de la cárcel?

– Intenté retomar mi trabajo en la Disip, pero me botaron, según porque ya tenía una sentencia, así pasé a ser un desempleado más pero con antecedentes penales a cuestas, eso hacía más difícil la posibilidad de encontrar trabajo.

Cuando salí en libertad todavía me encontraba estudiando derecho en la Universidad Bolivariana que allí funcionaba, pero por situaciones económicas y de vivienda tuve que abandonar los estudios. Mi hijo nació estando preso, cuando salí me tocó trabajar en lo que me saliera, desde ayudante de albañilería, vigilante y lavador de carros.

Así pude resolver lo económico mientras me presentaba a diario, salía en el día y en las noches dormía en una casa del Ministerio Penitenciario, y los fines de semana no tenía dónde ir. De a poco me fueron alargando la entrega de mis prestaciones sociales, hasta que al fin me pagaron.

Un buen día empecé a construir un ranchito de solo 4 paredes, sin baño, sin cocina, sin agua, ahí vivía, comía en los comedores públicos, rendía el dinero lo más que podía para los fines de semana llevarle algo de dinero a mi hijo, que vivía a una hora de mi casa en Valencia.

Poco a poco me fui estabilizando y logré culminar mis estudios en junio de 2012.

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– De policía a reo, ¿cómo se siente ese cambio de un día para otro?

Recuerda que las cárceles las dominan los delincuentes, en la rutina el policía no encuadra en ese lugar, para ellos tú eres “sapo” o “bruja”, según ellos el policía es la causa de que estén presos. Cuando sales de la cárcel ya no eres ex policía eres ex presidiario, algunos compañeros me ven como un ejemplo a no seguir, otros me ven con lastima y otros con ira.

Para muchos, incluyéndome, la condena no se acaba cuando sales, es de por vida y se paga más de una vez. Fue muy difícil estar detrás de la delincuencia y luego convivir con ellos.

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– De acuerdo a su experiencia, ¿es un infierno vivir en la cárcel?, ¿por qué?

Cuando se está allí la vida no vale nada, ves como los guardias nacionales pasan las armas y después le caen a palo a un interno nuevo según por ser ladrón; ves cómo las madres lloran por que le mataron a su hijo ahí dentro y no tiene dónde denunciar, o lloran porque el abogado le hizo vender su casa ofreciéndole libertad y luego que se queda sin casa para pagar el abogado, se da cuenta que todo fue mentira, mientras el hijo se pudre en la cárcel.

Es cotidiano ver cómo matan a la gente en tus narices y no puedes hacer nada, cuando hay requisa destrozan tus cosas, ves como transcurren los días mientras se pierde tu vida y tu juventud, sin oportunidad de defenderte porque las audiencias te las hacen si tienes suerte. Todo eso te desvaloriza como persona, es la razón principal por la que muchos salen con rencor social.

– Abogado ¿la cárcel regenera o degenera al recluso?

– Lo degenera moral, espiritual y físicamente. Al meterte ahí y ves cómo una reja se cierra y empieza el calvario. Culpable o no de lo que te acusan empiezan una seria de situaciones que te decepcionan como humano y especialmente como venezolano, los funcionarios policiales cobran por todo, desde el traslado hasta para pasarte la comida. Eso sin contar que a diario puñalean o matan a una persona que hace 5 minutos estaba viva, luego lo borran de la lista, limpian la sangre del piso y ya no ha pasado nada, sigue la rutina como si nada ha pasado. Allí dentro los planazos por parte de los funcionarios es normal, ves como violan, golpean, roban, venden droga como vender golosinas.

– En la cárcel donde usted estuvo recluido, ¿la situación es la misma que hace seis años?

Está peor, ya no hay universidad como antes, la población creció 120%, ahora hay más armas de fuego, ahora es más cara la causa (lo que se paga semanal), entre 50 y 200 bolívares depende de las circunstancias.

– Impunidad del 92%, ¿en realidad existe un sistema de justicia?

Definitivamente no. Yo diría que tenemos un 92% de injusticia, empezando que cuando privan a un ciudadano los policías tienen el control, cuando el abogado lo va a ver, los funcionarios no dejan pasar al abogado, ellos cuadran el acta policial a su manera, tengo casos donde los testigos son manipulados y obligados a firmarlas. A veces firman hojas en blanco y ellos arreglan la declaración, esas personas han denunciado y no les han tomado en cuenta a sus declaraciones. No existe la presunción de inocencia, el privado de libertad no tiene forma de demostrar su inocencia, se mandan a juicio y ahí duran hasta cinco años esperando veredicto, a veces se ven obligados a asumir los hechos para que les lean su sentencia y saber cuándo pueden salir. Recordemos que de acuerdo a la ley si asumen los hechos imputados por la fiscalía le restan un tercio de la pena más la mitad.

Por Jonathan León, El Venezolano News

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