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¡DE INTERÉS! Con vaqueros que pastoreaban ganado el «Koki» se infiltraba en La Vega para captar y esclavizar menores según informe de Cecodap

Cecodap investigó durante seis meses cómo son las dinámicas de reclutamiento de niños, niñas y adolescentes por la megabanda de la Cota 905, El Cementerio y La Vega

En el informe “Esclavizar para Delinquir”, que fue presentado este 30 de marzo, se concluyó que el reclutamiento de niños, niñas y adolescentes  por estas estructuras criminales constituye una forma contemporánea de esclavitud, y que jurídicamente, podría calificarse como trata de personas.

Los resultados del estudio sustentado en entrevistas a fuentes con conocimientos del tema en las comunidades, expertas y revisiones en medios, se concluyó que la emergencia humanitaria compleja y la ausencia e indolencia del Estado han favorecido que los menores de edad caigan en las ofertas de las megabandas a jóvenes que ven imposibilitado el hecho de comer bien o prepararse académicamente.

Los niños, niñas y adolescentes entran a las megabandas por la «fuerza de las circunstancias en las que viven o sobreviven».

«El reclutamiento forzado no puede considerarse equivalente a un alistamiento voluntario en la megabanda, pues no se trata de un ejercicio libérrimo de la voluntad de los niños, niñas y adolescentes; por el contrario, se trata de la ‘opción que queda’, a falta de otras que puedan garantizar la plena vigencia de todos sus derechos”, explican en el reporte.

Denuncian también que las labores asignadas a niños, niñas y adolescentes constituyen una forma de trabajo esclavo, “pues están sujetos a una relación de sometimiento y dominación”.

Entre las actividades que cumplen los menores de edad con las megabandas, según determinó la investigación, está la de mandaderos de los delincuentes (les hacen mandados o les compran comidas y medicinas, ya que ellos no pueden salir para evitar ser capturados). También, fungían como gariteros (son los vigilantes o centinelas que tienen que identificar cualquier incursión policial, de personas ajenas a la comunidad o identificar si alguna persona rompió las normas impuestas por los jefes de la banda. En esos casos, incluso, esas personas podrían terminar asesinadas).

Muchos adolescentes gariteros contaban que pasaban noches sin dormir y que, a medida que más se involucraban con la banda, menos podían ir a sus casas, por lo que para sus familiares duraban mucho tiempo desaparecidos.

Adolescentes cercanos a la mayoría de edad también llegaron a inmiscuirse en labores de tráfico o microtráfico de drogas dentro o fuera de la comunidad. La aspiración era llegar a la categoría superior del escalafón: la de «malandros», en donde se les daba un arma de fuego para cometer delitos mayores como robos, secuestros o extorsión.

Decenas de testimonios confirmaban que los delincuentes se valían de las necesidades de los menores para ofrecerles pagos semanas en dólares, ropa y calzado «de marca» y hasta medicinas para sus familiares. Además, organizaban permanentemente celebraciones y «megarumbas» en las comunidades.

Se conoció también que en sectores de La Vega infiltrados de la banda se hacían pasar por «cambistas»: llegaban a la comunidad con el falso pretexto de recibir los frijoles de los CLAP como artículo de trueque pero la intención era captar a menores de edad para las bandas, estudiar zonas de escape y montar nuevas garitas. 

Otro hecho anecdótico que reseña el informe es que en La Vega El Koki desplegó a unos «vaqueros en cabellos y con armas largas» que soltaban a pasear vacas, presuntamente con la misma intención de ganarse la confianza de los vecinos y expandir su organización.

Redacción Maduradas

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