Lisset Franco, una venezolana que vivió en un refugio en Madrid, España, contó cómo logró cumplir su sueño de reunirse con su familia en el país europeo.
AL Navío.
Justo cuando entró en el refugio para solicitantes de asilo, Franco, con 46 años, recibió las instrucciones y normas del centro, se sorprendió al saber que «los refugiados no deben trabajar». «Tienen que hacer cursos para buscar trabajo cuando salgan del refugio«, reveló.
Pero esta mujer, quien estaba acostumbrada a mantener su casa y a sus tres hijos en Maracay, estado Aragua, no podía aceptar esas condiciones porque necesitaba llevar a su familia con ella.
Sin documentos ni contactos, Lisset logró conseguir tres trabajos mientras estaba en el refugio para asilados políticos en Madrid, aun cuando la apoyaban con techo y alimento fue sincera con los asistentes sociales a quienes les dijo: «Yo no puedo hacer cursos. Necesito trabajar ya».
Su determinación y colaboración permitió que los trabajadores hicieran la vista gorda, reseñó AL Navío.
Lisset salía desde muy temprano del refugio a buscar cualquier trabajo, consiguió uno como empleada en un edificio limpiando un apartamento, por horas.
Se esmeró en ese trabajo y a los pocos días ya estaba limpiando cinco apartamentos, sus empleadores la fueron recomendando y así logró sumar labores. Sin embargo el pago no era suficiente para llevar a su hija consigo, por eso decidió probar suerte cantando en el Metro de Madrid.
“Al principio tocaba canciones de Selena (Quintanilla, cantante mexicana). Pero nadie me daba nada. Ni un céntimo. Me di cuenta de que a la gente le gustaban las canciones que conocían. Y entonces decidí tocar canciones españolas”, explicó.
Comenzó a interpretar Cuando los sapos bailen flamenco, una balada del grupo Ella baila sola que se popularizó a finales de los años 90, ésta última, reconoció que es la canción con la que más ha ganado dinero desde que llegó a España.
Ella comenzó a alternar sus trabajos limpiando los apartamentos, cantando en el metro y hasta impartiendo clases de canto, algo que ya había hecho en Venezuela.
«Cuando salía del refugio, no tomaba ni un refresco. Todo el dinero que ganaba era para ahorrarlo y enviarlo a Venezuela”, indicó.
Buscó trabajo como ayudante de cocina, hizo un curso intensivo en el área. También trabajó en panadería.
«Es verdad que no es fácil conseguir trabajo sin papeles. Pero yo conseguí tres. Hay que buscar, salir, preguntar, tener ganas de conseguirlo. Eso es fundamental. Tampoco puedes rendirte, darte por vencido. Hace falta constancia. Y optimismo. Eso siempre lo tuve», señaló.
Después de seis meses en el refugio, logró un apartamento pagado por la Cruz Roja.
Ahora vive con su hija y su sobrina, las tres trabajan para pagar las cuentas. pero cada vez que necesita dinero extra, baja al metro, con su rutina de tres canciones: la primera, la del dúo Ella baila sola. Las otras dos del grupo español La quinta estación.
Redacción Maduradas con información de AL Navío.
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