Trasmoz es el nombre de un popular y curioso pueblo español que carga sobre sus hombros una excomunión y una maldición, ambas impuestas por representantes de la iglesia hace 700 u 500 años, respectivamente. Y es que el pintoresco y romántico lugar es conocido, hasta el día de hoy, como el “pueblo de las brujas”.

Sputnik/ Asociación El Embrujo de Trasmoz
Los habitantes de la zona han sacado provecho a tal fama, pese a que, en nuestros días, muchos de sus habitantes son abiertamente católicos y celebran misas en el templo local. De resto, las historias sobre prácticas oscuras son solo historias que alimentan la curiosidad de los turistas y los hacen concurrir a sus particulares fiestas locales: la Cabalgata de Reyes, la plantación de vegetación en el Día del Árbol, el concurso internacional de Torrijas de Semana Santa, las fiestas patronales de San Roque, la Jornada del Huevo, la Feria de la Brujería y el Día de las Ánimas.
De acuerdo con Sputnik, en estas fiestas, destacan las artesanías y la abundante comida, mucho más que la presencia de algún tipo de actividad oscura.
Coronado por un imponente castillo, Trasmoz tiene una historia que parece sacada de un cuento: en 1.255, el abad del monasterio les insistía en que dejaran de usar la leña del monte de La Mata, a lo cual el pueblo se negó. La negativa ocasionó que el pueblo fuese excomulgado.
256 años después, en 1.511, el señor de Trasmoz, Pedro Manuel Ximénez de Urrea, denunció que los clérigos de Veruela, población cercana a Trasmoz, habían desviado el cauce natural de los arroyos para que no llegara a la aldea. Las Cortes de Aragón mediaron en el conflicto y fallaron en favor de Ximénez de Urrea, pero el abad no aceptó la resolución.
Esa misma madrugada, el religioso bajó al pueblo y cubrió el crucifijo del altar con un velo negro. Luego, recitó el salmo 108 de la Biblia, aquel en el que Dios maldice a los enemigos, y acompañaó sus palabras con potentes toques de campana. La macabra escena sirvió de sentencia a Trasmoz. La localidad quedó maldita hasta el fin de los días.
«Desde entonces, estamos todos malditos y excomulgados«, dijo Cristina García, presidenta de la Asociación El Embrujo de Trasmoz, a Sputnik.
Trasmoz quedó marcado y obtuvo su fama actual que se ha traducido en que la brujería ha formado parte constante de su genética. De hecho, las historias cuentan que se celebraban aquelarres en el interior del castillo.
«Las reuniones de brujas es un rumor que difundieron los falsificadores de maravedíes que lo habitaron«, señala García y afirma que, de ahí, se ha labrado su nombre de «pueblo de las brujas».
Las crónicas de la época señalan conjuros y nigromancia en el lugar y destacaron los nombres de supuestas hechiceras como «La Galga» o «Tía Casca», considerada la última «bruja» que habitó el pintoresco lugar.
De momento, el pueblo no tiene intenciones de librarse de las condenas que pesan sobre él, ya que, en realidad, las decisiones de los avades de Veruela no impiden que se desenvuelvan, libremente, en sus actividades. Además, solo el Papa tiene potestad para revocar las sentencias y, hasta la fecha, ninguno lo ha hecho.

Sputnik/ Asociación El Embrujo de Trasmoz

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Redacción Maduradas con información de Sputnik
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