En días pasados Perú tuvo una nueva crisis luego de que 105 parlamentarios decidieran destituir al presidente en medio de la pandemia y con esto se desatara una serie de eventos que dejó como resultado la muerte de dos jóvenes en las protestas y más de un centenar de heridos.

Sebastián Castañeda.
Tras la destitución de Martín Vizcarra, pasó de forma fugaz por el poder Manuel Merino, con un fuerte rechazo y la violencia desatada en las calles, su mandato interino terminó a solo cinco días de haber comenzado.
Ahora el cargo quedó en manos de Francisco Sagasti, quien debería llevar las riendas del país hasta julio de 2021 y con él, Perú tuvo tres presidentes en apenas una semana.
El inicio de la crisis en Perú fue en 2016, cuando el economista Pedro Pablo Kuczynski ganó la presidencia se impuso ante el fujimorismo que, herido por la derrota, se negó a colaborar o pactar, iniciando un períodos de inestabilidad que llevó a la salida de Kuczynski en 2018, entrando entonces Vizcarra, quien disolvió el Congreso un año después.
Entre los factores para la crisis destaca el abuso de la «moción de vacancia», un instrumento constitucional que comprende la destitución del presidente en casos de denominada permanente incapacidad moral que conlleva a batallas políticas desleales como ha quedado demostrado en los últimos tres años, en los que el Congreso impulsó cuatro mociones de vacancia.
Sin embargo, las decisiones recientes y sus resultados por las bases jurídicas no han sido lo que el pueblo debate en las calles, sino los intereses y alianzas mesquinos que sacaron a Vizcarra del poder pos acusaciones de corrupción.
Para muchos se trata de un grupo comandado por Merino y otros sectores políticos radicales con motivos que podrían no tener nada que ver con la lucha contra la corrupción, pues de los 105 parlamentarios que decidieron destituir al presidente, unos 70 son investigados e incluso enfrentan cargos por corrupción, además detestan a Vizcarra por impulsar reformas para eliminar la inmunidad parlamentaria o impedir la reelección de congresista.
En un trabajo de Isaac Risco para El Confidencial, cita la falta de instituciones democráticas sólidas, de partidos políticos asentados y de leyes de financiación partidaria, sumado al desinterés político de los ciudadanos.
Ahora, con la llegada de Sagasti, parece estar calmando la tormenta que había despertado en Perú, y él deberá llevar al país a unas elecciones fijadas para el 21 de abril de 2021 y concretar el cambio de mando el siguiente 28 de julio.
Sagasti, de 76 años, fue uno de los pocos parlamentarios que no votó por la destitución de Vizcarra y cuenta con una imagen de hombre serio e íntegro que parece ser de mayor agrado para la población; pero esto no es del todo positivo, Sagasti deberá asumir grandes desafíos tomando en cuenta que las bancadas que destituyeron a Vizcarra siguen ahí por lo que necesitará tender puentes con un gabinete que refleje varias corrientes.
Además, debe tener claro de las dos únicas tareas que debe afrontar durante su mandato: atender la pandemia ante una segunda ola y garantizar unas elecciones limpias en abril; esto quiere decir que las decisiones importantes como la reforma universitaria y la elección de algunos jueces del Tribunal Constitucional quede ara el siguiente gobierno.
Cabe destacar que uno de los reclamos del pueblo peruano consiste en modificar la Carga Magna aprobada en 1993 durante el régimen autoritario de Fujimori.
Redacción Maduradas con información de El Confidencial
