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¡MAYOR ESCÁNDALO! El negocio y control de Cuba sobre los pasaportes venezolanos

Lejos de Cuba, los documentos de identidad venezolanos en realidad fueron diseñados en Alemania: la intermediación de La Habana solo ha dejado una estela de transferencias y comisiones que transitaron al menos cuatro países. Furtivo durante años, hubo un personaje clave en esta operación. Pero su secreto no quedó guardado bajo siete llaves y está a punto de revelarse en este reportaje.

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Por: JOSEPH POLISZUK / LUISA GARCÍA TELLEZ (*) / PanamaPapers

Aferrado a su patrimonio, al banquero peruano Francisco Pardo lo recuerdan en Lima por haberse atrincherado –con colchón y todo– en su despacho del desaparecido Banco Mercantil de ese país. “No se negocia con la estatización”, declaró en 1987 contra el decreto que había promulgado el presidente Alan García para nacionalizar la banca. ¿Quién diría que el mismo que hace 30 años quebraba lanzas y tendía colchones en Perú por la propiedad privada, ahora está detrás de un entramado de empresas que permitieron a la Cuba de Fidel Castro proveer los pasaportes de la Venezuela de Hugo Chávez?

Francisco Javier Pardo Mesones, o “Pancho”, como también lo llaman, presidió en los años 80 la Asociación de Bancos de Perú. Los documentos guardados –y ahora filtrados– en el bufete de Panamá Mossack Fonseca lo señalan como el verdadero beneficiario de Billingsley Global Corp y otras de las empresas offshore, que sirvieron de vehículo para que La Habana revendiera a Caracas la tecnología de los pasaportes bolivarianos.

Las láminas de policarbonato de los documentos de identidad en realidad salieron de Alemania, de la empresa Bundesdrukerei. “La razón fundamental del por qué esta compañía no quiere venderle directamente a Cuba y Venezuela, es justo por el tema reputacional. Temen que la competencia haga propaganda adversa por el tema de ventas a gobiernos totalitarios”.

Eso advirtió en una correspondencia interna de hace más de ocho años –el 26 de noviembre de 2007– el abogado Ramsés Owens, para entonces uno de los más altos ejecutivos del bufete. “Menos mal que para nosotros en Panamá no hay nada que nos inhiba”, remataba en el mismo correo.

La ruta del pasaporte

El gobierno de Chávez comenzó a renovar su sistema de identificación a finales de 2005. Con ese propósito designaron al entonces ministro de Interior y Justicia, Jesse Chacón, para buscar a algunos de los gigantes de la tecnología que fabricaran primero los nuevos pasaportes y luego las llamadas cédulas electrónicas que vienen anunciando desde entonces. Las empresas de Estados Unidos quedaron descartadas de entrada y los chinos prefirieron pasar de largo frente a la intermediación cubana. Fue así como Pardo Mesones terminó arreglando en Caracas una triangulación de transferencias y contratos a través de paraísos fiscales.

El velo de silencio

Los pasaportes venezolanos se han expedido de esa forma a la sombra de un absoluto hermetismo. La negociación –hasta ahora guardada en secreto– establece cláusulas expresas de confidencialidad, y no en uno ni en dos, sino en todos los contratos. Incluso en las siguientes fases, como se lee en el “Contrato I10-084-000/2010 para la ampliación del sistema de personalización de pasaportes y cédulas electrónicas para la República Bolivariana de Venezuela”.

“Los cubanos manejan el software y marcan las directrices de seguridad”

Cuba, además, se reservó el acceso al software a través de Albet Ingeniería y Sistemas, la filial que el régimen de los Castro diseñó exclusivamente para esta tarea. “Albet adquirirá un derecho de uso perpetuo, no exclusivo e intransferible a través del software entregado junto con el sistema”, establece el documento.

Ya lo había advertido el ingeniero en computación Anthony Daquin que –tras denunciar el caso– pasó de ser asesor del Ministerio de Interior y Justicia a asilado en Estados Unidos. “Los cubanos manejan el software y marcan las directrices de seguridad”. Eso declaró a la periodista Adriana Rivera en la edición del 20 de julio de 2011 del diario El Nacional, en un reportaje que por primera vez dio noticias sobre la mano de Cuba en el sistema de identificación venezolano.

“Los originales de los códigos fuente (los que describen el funcionamiento del software y permiten introducirle cambios) de las aplicaciones informáticas desarrolladas serán conservadas por la parte cubana mientras permanezca vigente el período de soporte técnico”, dijo entonces, y hoy agrega desde Estados Unidos que nada ha cambiado: “Esta gente tiene la capacidad de hacer un pasaporte venezolano en Cuba y a la vez sembrar esos datos en el sistema”.

Para Daquin, no es casual que Caracas se haya convertido en una de las ciudades más peligrosas del mundo justo cuando el Estado venezolano interconectó el registro civil con información tributaria y mercantil. “¡El crimen organizado está usando el sistema para secuestrar!”, exclama al otro lado del teléfono. Pero aunque no fuera así, no hay duda de que los pasaportes vinotinto salieron tan caros que dieron para una serie de transferencias y comisiones desde La Habana hasta el nada socialista bufete Mossack Fonseca.

Por: JOSEPH POLISZUK / LUISA GARCÍA TELLEZ (*) / PanamaPapers

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