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¡PATRIA VENDIDA! Insólito: Maduro entregó la banda tricolor a China

1. Un mandatario extranjero con la banda tricolor. Cuando en las redes sociales empezó a circular la imagen de Xi Jinping, presidente de China, con una banda tricolor se activó en muchos una voluntad semiótica: en lugar de ver la Orden Libertador en su Primera Clase, vieron la banda presidencial.

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Vivimos en una semiósfera. Allí es donde los seres humanos interactuamos mediante signos. Y ese conjunto de signos compartidos delimita el espacio que nos pertenece y, al mismo tiempo, traza una línea que nos separa del espacio extrasemiótico, lo ajeno. En nuestra semiósfera compartida, la imagen de un presidente colocándole la banda tricolor a otro en un lugar como el Palacio de Miraflores puede, fácilmente, significar el extravío del sentido hacia una idea de cambio de mando, de traspaso del poder, de entrega del mando de la Nación.

Sin embargo, podríamos hacer un brevísimo repaso en la memoria nacional reciente y dar con otras figuras que han tenido la misma banda en el pecho, tan diversas y coincidentes entre sí como Muammar Gadafi, Bashar Al Assad, Alexander Lukashenko, Raúl Castro y Vladimir Putin, por poner algunos ejemplos de condecorados con la Orden del Libertador en su clase más alta.

2. El contraste de los signos. ¿Por qué, entonces, la reacción ante la imagen de Xi Jinping es distinta a estas ocasiones previas? No se trata de un simple error colectivo ni de un laboratorio 2.0 (al menos no son las únicas lecturas posibles). Estamos ante una consecuencia semiológica natural, producto de un contexto en el cual los síntomas que se pusieron en evidencia eran muy distintos a esas otras ocasiones en las cuales un mandatario extranjero ha tenido en su pecho los colores de la bandera nacional. Quizás estos tres apuntes puedan resultar útiles para entender la singularidad de la reacción:

a. Antes se le daba a quienes nos prestaban visibilidad política; ahora se le entrega a quien nos prestará dinero. La carga contextual de las otras circunstancias citadas en las cuales se entregaba el Gran Collar (réplica de la espada de Bolívar incluida) el gesto tuvo una significación política en el amparo de esa abstracción que significa la noción “antiimperialista”. Que se tratara de mandatarios cuestionados por la opinión pública global (una noción mucho más extensa que opinión pública internacional, tan siglo XX) y que han recibido en ocasiones la adjetivación de dictadores, tiranos o autócratas, anclaba la carga simbólica del gesto al ámbito de la libertad y los derechos humanos. A Xi Jinping, en cambio, se le entregaba la Orden del Libertador después de ese sacudón económico que nunca fue y en el marco de una crisis económica que se atenderá, según han dicho, por la vía fiscal.

b. Antes daba la impresión de complicidad; ahora da la impresión de empeño. En cada uno de los momento-país en los cuales se entregó la Orden Libertador a los otros cinco mandatarios citados, hubo una coincidencia con un momento-global específico. De esta manera, la revolución bolivariana adquiría la visibilidad internacional que una pequeña república caribeña sólo podría obtener dentro del marco de la real politik mundial mediante la traducción de esos gestos simbólicos en barriles de petróleo. Es decir: Venezuela se convertía en un cómplice, un país hermano, una ayuda. En esta ocasión, lo que representa Xi Jinping se parece más a un salvavidas que a cualquiera de las nociones posibles de antiimperialismo: como alguien que empeña esa joya que tiene más valor simbólico que monetario como último recurso.

c. Antes un “liderazgo continental” cruzaba las fronteras; ahora un mandatario recibe la visita de un acreedor. Es fácil contemplar la posibilidad de que la política venezolana tenga su origen en un apetito continental, capaz de exportar su propio concepto de Libertad y, en lugar de anexionar territorios, contagiar las nociones de lo republicano. En eso consistió nuestro siglo XIX y de eso se alimentó nuestro siglo XX. En el Socialismo del siglo XXI, la presencia del gobierno venezolano en la política internacional tuvo un tenor similar. Hoy, sin embargo, vienen a visitarnos los remitentes de nuestras facturas. Existe mucha literatura que habla de la expansión imperial de China como una característica histórica. La búsqueda de recursos naturales es, quizás, lo único nuevo en el ansia china desde el fallecimiento de Mao Zedong. La alegoría del petróleo como oro negro siempre me ha parecido turbia, pero la economía parece mostrarnos que hoy también cruzan océanos para dar con nuestros tesoros con divisas que sustituyen simbólicamente a los espejitos del siglo XVI. Espejitos Made in China.

3. El trueque final [o los problemas de convertirse en un jarrón chino]. Uno de los actos protocolares que siguieron en la visita de Xi Jinping estuvo un intercambio de regalos: el presidente chino le entregó a la Asamblea Nacional un jarrón de porcelana grabado con la flor nacional de la República Nacional de China; Diosdado Cabello le dio, en intercambio, algo de artesanía y el Plan de la Patria.
Nuestra ofrenda tiene todo el sentido simbólico posible: cada quien tiene derecho a saber qué es lo que financia, ¿pero cuánto de simbólico hay en que a la sede del Poder Legislativo le obsequien un objeto con una carga retórica tan clara de adorno viejo y costosísimo?

4. Una nueva noción de Libertador. Una de las citas de Mao Zedong compiladas en El Libro Rojo, y extraída de un documento titulado Sobre el correcto tratamiento de las contradicciones en el seno del pueblo, expone una idea de libertad que hoy puede lucir algo maniatada: “La democracia está en correlación con el centralismo y la libertad con la disciplina. En ambos casos se trata de dos aspectos opuestos de un todo único, contradictorios y a la vez unidos”.

Otorgarle la Orden Libertador a figuras como Muammar Gadafi, Bashar Al Assad, Alexander Lukashenko, Raúl Castro y Vladimir Putin ponían en tensión nociones republicanas, democráticas e incluso históricas, como si se intentara resignificar la noción de Libertador en la idea de un enemigo común y no en la noción de una conquista individual.

Libertar como una de las maneras de entender el patrocinio.

Así, condecorar con la Orden del Libertador a una potencia que viene a atarnos a una deuda que leuda delante de nuestros ojos debe ser una más de esas contradicciones de las que hablaba Mao, en las que terminan mezclándose extremos opuestos de un todo único: el Socialismo del siglo XXI y su singular disciplina, por ejemplo.

por Willy McKey Poeta, escritor y editor para Prodavinci

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