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Según el gobierno de Nicolás ¡El culpable eres TU!

En sus múltiples paranoias el gobierno de Venezuela considera culpable de la escasez al ciudadano que compra en el automercado o en la bodega.

También es culpable todo aquel que viaje fuera del país, ya no es suficiente con someternos a un proceso que restringe nuestra libre disposición del dinero, sino que además nos vuelven a revisar al salir, y por supuesto al entrar de nuevo. Es culpable el medio que informa las cosas que no le gustan.

El venezolano que protesta por alguna deficiencia en los servicios o por alguna muerte injusta, bueno, ese también es culpable. El opositor, el diputado unitario, el candidato o funcionario que no simpatice con ellos, son culpables de igual forma, ¿su delito? Existir. Y así cada uno de nosotros más o menos activos nos convertimos en culpables hasta poder demostrar lo contrario.

Todos somos corruptos, traidores, apátridas, lacayos del imperioy cualquier otro calificativo delictual que este gobiernos quiera endilgar. El lunes el presidente de la Asamblea en su característica forma de hablar decía que todos los partidos de oposición son igualitos, que no tenían diferencia alguna, es decir que todos son culpables de algo.

Escasez - anaqueles vacios

Este empeño loco del gobierno de buscar culpables en todas partes solo demuestra una cosa, su incapacidad manifiesta de poder tomar las riendas del país y lograr lo que según ellos mismos dicen es ¨la mayor suma de felicidad posible¨. Estos señalamientos les vienen como anillo al dedo, ya que trasladan la responsabilidad del éxito o fracaso de la gestión a las personas que están más alejadas de ella.

Otro detalle de este sistema perverso es la destrucción del acusado sin prueba alguna y en la mayoría de los casos lo único que sucede es la degradación ante la opinión pública de los ciudadanos.

Es decir, no solo somos ¨culpables¨ de las cosas que pueden probar y juzgar, sino de los chismes y rumores que puedan inventar. Lo más grave de todo esto es que esta manera de actuar se nos graba en la mente y la empezamos a reproducir, lo que genera graves consecuencias en la futura reconstrucción del país.

Este estado de sospecha nos hace desconfiar de las instituciones y nos ubica en el mundo de los prejuicios, como aquel dicho que le atribuían a un antiguo ministro de interior que decía ¨disparen primero, pregunten después¨, nos convertimos en inquisidores de nuestros propios compatriotas y ¿qué pasará cuando no haya más nadie a quien culpar?

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Fuente: Tal Cual. / Álvaro Partidas

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