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¡CRECE EL DESESPERO! Ante la crisis Maduro implantaría modelo cambiario cubano en el país

La negativa de Maduro y su gobierno a desmontar el control de cambio, ha sido el disparador de uno de los periodos de mayor devaluación en la historia económica de Venezuela, una devaluación superior a 1.200%, en otras palabras en dos años la tozudez por mantener el control político sobre el sector privado y la ciudadanía, a través de un grotesco control cambiario, lo llevó por una ruta de improvisaciones en materia cambiaria, el SICAD I, SICAD II, la trasformación de CADIVI con el dólar oficial a CENCOEX a 6.3 Bs/$.

Una maniobra política cuya finalidad ha sido la de evitar el balance de las cuentas nacionales a un cambio de bolívares por dólar, o paridad de poder de compra que refleje la realidad económica de Venezuela en términos de cuantos bolívares se podría comprar un dólar, bajo condiciones de equilibrio y libertad cambiaria o plena convertibilidad del bolívar, y señale además el “tamaño” de nuestra economía y nos muestre la cara fea de la revolución cuando comparemos el per capital venezolano del 2015 con el 1965 a dólares reales de hoy.

Maduro-Castro

La realidad económica y financiera venezolana es hoy aun peor que la teníamos a principios del 2013; el flujo de divisas de petrodólares resultante de un esquema económico de destrucción del sector privado y conversión del Estado en el poder económico sobre los ciudadanos, y sus empresas, ha hecho depender exclusivamente la economía nacional de las divisas producidas por el petróleo. Los riesgos conocidos a lo largo de la historia económica venezolana en los últimas cinco décadas, por la dependencia de las divisas del petróleo se exacerbaron al transformar el gobierno a PDVSA de una empresa petrolera a un agente fiscal, cuya actividad se divide ahora en producir y exportar petróleo y en suplementar el gasto público del gobierno.

El flujo de caja de PDVSA se vio bajo presión fiscal, cayó la inversión en petróleos y creció la deuda de PDVSA, fenómeno que a fines del 2012 nos trajo la crisis de balanza de pagos, es decir, la escasez de dólares, un fenómeno de largo plazo, todo lo cual vino envuelto en la colosal crisis fiscal de un gobierno con un déficit fiscal montado en 28% del PIB que es sencillamente insostenible y no financiable. Los riesgos muestran esa realidad, Venezuela, su gobierno y PDVSA, no pueden emitir deuda sin que cargue intereses menores a 28%, caso insólito en el mundo, de todos modos no habrá banco en el mundo que suscriba emisiones de deuda. PDVSA emitió deuda en dólares durante 2014, pero adquirida con bolívares utilizando para ello las virtudes creadas por esa empresa el dólar paralelo, mientras Ramírez lo alimentaba. Cuando PDVSA se retira del mercado paralelo (Octubre 2012), quedo el tufo, PDVSA no tiene dólares, la empresa estaría casi quebrada, pero es publica no está sujeta a reglas de quiebra.

Así la crisis financiera de la economía venezolana al depender sólo de las divisas que genera el petróleo se presentó, con las consecuencias que todos conocemos. PDVSA al no invertir y estar sometida a la presión fiscal mencionada arriba, unido a sus enormes obligaciones financieras, más la deuda con proveedores, deuda con sus socios en las empresas mixtas, deudas con contratistas, con empleados, y con el mismo fisco, muestra la cara fea de una quiebra, no declarada por simples razones ideológicas. Las obligaciones financieras y no financieras de PDVSA superan el ingreso en divisas por exportaciones de petróleo. Insólito, léase la renta petrolera es negativa, un dólar de exportación de petróleo tiene que pagar 1.3 de obligaciones, deuda financiera y pasivos no financieros, y enfrentar inversión para que no caiga su producción, pero no, su producción de petróleo cayó en 850 mil barriles por día en los últimos ocho años.

La merma del flujo de divisas dado el enorme peso de las obligaciones, por presión fiscal y la descapitalización de PDVSA, tuvo sus serias consecuencias: la hiperinflación de tres dígitos, números hoy maquillados por el BCV, de unos indicadores que Maduro mandó a esconder para que la gente no supiera de que se estaba muriendo. Así, por un lado, escasez de dólares, y por el otro, la necesidad de sostener y mantener un control de cambio para reproducir el control político sobre el sector privado y los ciudadanos, trajo una hiperinflación en dos años que podemos mostrar bajo el siguiente indicador: en enero 2013 una canasta básica de bienes y servicios se adquiría con 1,5 salarios mínimos, en diciembre 2014, hoy para adquirir esa misma canasta básica se requieren 4,7 salarios mínimos, ello da una inflación en 24 meses de 325% en dos años, es decir, 167 % anual. Esta medición de la inflación elimina el maquillaje a que fueron sometidos en el BCV los indicadores de precios.

Maduro anuncia continuar la improvisación y sortear la eliminación del control de cambio importando el régimen cambiario cubano que resultó de la crisis financiera cubana cuando el comunismo cayo con todo y muro en 1989 con la caída de la Unión Soviética. Los marxistas cubanos decidieron apelar a las remesas en dólares que los cubanos en el exterior enviarían a sus familiarices en la isla. De esta manera nace el peso convertible y el no convertible.

Ese mismo sistema se asoma en Venezuela dentro del modo de improvisar sobre las necesidades económicas venezolanas. La cubanización del régimen cambiario venezolano operaria según se desprende del medio anuncio de Maduro en la creación de un bolívar convertible al cual tendrían acceso todo aquel que desee vender un dólar en Venezuela: inversionistas, familiares de venezolanos en el exterior, etc. Por otro lado, el bolívar bajo extremo control tendría un precio subvencionado por el bolívar convertible. La gran pregunta sería ¿cuántos bolívares convertibles comprarían un dólar a la fecha de hoy? Para que un bolívar convertible pueda operar tendría que eliminarse todos los controles para poder eliminar también la prima de riesgo que el venezolano paga por dólar en el mercado paralelo, a un precio global de Bs. 180 a la fecha de hoy.

Quiere decir que la mega devaluación que impondría el bolívar convertible para ser viable, sería el de Bs. 180 por dólar. Si el precio de “convertibilidad del Bolívar” es menor que el precio del paralelo, todo aquel que quiera vender un dólar a un venezolano lo seguiría haciendo por el mercado paralelo. Bajo esta comparación podemos definir los costos del control de cambio. Sin embargo el gobierno dispuesto a no demoler el control de cambio, prefiere doblar el control, colocar unos precios muy por debajo del precio del dólar en equilibrio ampliando los controles en el sistema financiero nacional para reducir el volumen de dólares transados en ese mercado.

En otras palabras el esquema cubano, asomado por Maduro traería lo que yo llamaría un doble control, el primero sobre las transacciones a un precio aún por debajo del equilibrio en el mercado y otro control en el sistema bancario nacional. Al final tendríamos o estamos en presencia de otra mueca, o improvisación traída por los pelos para continuar el control político y social establecido por Hugo CHAVEZ en Marzo 2003 cuando se estableció el control de cambio.

Alexander Guerrero / Runrunes

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