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¡BOMBA DE TIEMPO! Marta Colomina: “¿Juraría usted que los cerros no bajan? Tic, tac”

Quienes han secuestrado los poderes públicos en Venezuela se han malacostumbrado a los monólogos panfletarios que sueltan a los enmudecidos “reporteros” de los canales del Estado. Así que cuando se encuentran con un periodista de verdad y en un medio de comunicación libre, queda al descubierto la grotesca invención de delitos inexistentes contra la disidencia y sus torpes alegatos a favor del régimen opresor de Maduro. Le ocurrió a la fiscala (con minúscula) en CNN con el bien informado Cala, en su fallido intento de “justificar” el encarcelamiento de Leopoldo López con acusaciones “fabricadas”por la propia fiscalía, como acusa el abogado defensor, que no convencieron al bien “dateado” periodista, a quien la arrogante funcionaria insultó llamándolo “desinformado”.

Marta Colomina periodista venezolana

Estos funcionarios fanatizados pergeñan sentencias tomadas de los juristas del horror nazi. Obsesionada por “demostrar” la culpabilidad del a todas luces inocente Leopoldo López, la fiscala hace un remake del bodrio jurídico del tsj, al declarar que “no todos los derechos de una persona son absolutos”. Lo que debió decir, porque es lo que viene ejecutando Maduro, es que “unas personas (las del Gobierno) tienen derechos absolutos y otras (los disidentes) no tienen ninguno. Los “colectivos” y cuerpos de seguridad tienen derecho absoluto para matar. Los 4.658 reclusos que La Fosforito lanzó a la calle con el Plan Cayapa en 2013 (en 2012 liberaron a 9.600 reos y siguen haciéndolo en 2014,) tienen más derechos que Leopoldo, Simonovis y los demás presos políticos, que nunca han delinquido. Estos malandros van por las calles, muchos con armas de guerra, en bandas de 15 y hasta 30 y han sido los ejecutores de muertes como las de Mónica Spears y esposo, de Eliécer Otaiza, para robarlos, y miles de víctimas más. Nueve horas tardó el Cicpc en retirar el cadáver de Otaiza después de haber sido notificado de un cuerpo sin vida en el barranco. Antes de ser identificado, Otaiza era “un pata en el suelo”, y como tal fue tratado. Venezuela tiene el deshonroso primer lugar como el país más violento de Suramérica y el segundo del mundo (ONU).

Nunca se había visto tal nivel de represión, injusticia, escasez e inflación en el país. Detienen a adolescentes en protestas, en clara violación de la Lopna. Torturan salvajemente a estudiantes por ejercer su derecho a protestar: golpes, descargas eléctricas, amenazas de violación, torturas psicológicas, aplicación de sustancias químicas, etc. y varios han sido enviados a cárceles de alta peligrosidad. Cada 35 minutos se abre una “investigación” a manifestantes pacíficos, a cuyos familiares extorsionan para ser liberados. Allanan residencias sin orden judicial. El miedo al creciente descontento social aumenta la censura a los medios. Desde el 12F se han registrado más de 250 ataques a la libertad de expresión entre detenciones, robos de equipos y agresiones. Los delincuentes rojos siguen libres, como el asesino de Adriana Urquiola. A dos meses del crimen de Geraldine Moreno no hay culpables. Abundan gatillos oficiales que disparan a todo lo que se mueve. Así fue asesinado por un GN el niño de 12 años cuando jugaba papagayo. En Puerto Ordaz fueron detenidas una odontóloga y una médica por llevar comida a varios estudiantes. El mundo vio la imagen desvalida de Lilian Tintori a la puerta del penal, con la pequeña torta casera en sus manos, impedida de visitar a su esposo Leopoldo y darle un abrazo de cumpleaños. Asquea la crueldad del régimen y su mala memoria. Quienes tenemos larga vida recordamos el desfile festivo de visitantes que el golpista Chávez recibía en prisión y los varios celulares de que disponía, antes de ser sobreseída su causa. De nada han servido las súplicas del Nuncio Apostólico rogando para que no se derrame más sangre.

La desnutrida marcha oficial del 1º de Mayo (con autobuses provenientes de todo el país) fue otra prueba del creciente rechazo al régimen. Maduro está sentado sobre un volcán a punto de erupción. El aumento salarial es equivalente al costo de “una lata de refrescos” y el salario total, a $64 al mes, con una inflación en alimentos de 79,2% que, además, no se consiguen. La salud pública mata. Hay escasez terrible de todo, tanto, que La Polar suspendió la producción de pasta por falta de harina. La escasez obliga a Maduro a subir los precios controlados hasta más del 100%. El régimen no paga a nadie pero Miraflores y La Casona no detienen el derroche: más de Bs. 400 mil diarios en viáticos, pasajes y otros. Según el diputado Berrizbeitia, solo la Casona (residencia ilegal de las “infantas”), “gasta Bs. 82 mil mensuales en festejos”. ¿Juraría usted que “los cerros no bajan”? Tic, tac.

Por: Marta Colomina

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