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¡DESGARRADOR! A un año de su muerte, el cuarto de Bassil Dacosta sigue intacto (+Fotos + Video)

Al abrir la puerta de la habitación encuentras todo tal cual como si unos minutos antes hubiese estado su dueño. De inmediato percibes que ese espacio pertenece al de un hombre. La cortina está medio recogida, lo que permite la entrada de la luz del día. Las paredes son azules, la cama está tendida. Sobre ella hay un balón de fútbol y unos cuadros cuyos marcos hizo quien ahí descansaba. Todo está intacto, nada se ha tocado. “Así tenía él todo. Nada he movido”, dice Jeneth Frías, madre de Bassil Da Costa, asesinado el 12 de febrero de 2014 en el centro de Caracas, publica El Estímulo.

La mujer no se atreve a mover nada de lo que su hijo dejó en su habitación. Era uno de sus espacios preferidos, a pesar del calor que irradia del techo de zinc. Bassil fue la primera víctima que cayó en las protestas realizadas contra el Gobierno de Nicolás Maduro en febrero de 2014.

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En medio de su dolor, Jeneth enseña con orgullo las pertenencias de su único hijo varón. Al abrir el closet se ve la ropa del joven colgada en ganchos. Del otro lado, en unas repisas, siguen sus colonias, lentes de sol, y cartera. Al hurgar en las gavetas, la mujer saca una carpeta con el título de bachiller en fondo negro y el pasaporte de su hijo.

“No hay un solo día en que no esté en mi mente, al abrir mis ojos en la mañana lo primero que me viene a la cabeza es mi muchacho. No se imaginan cuanto lo extraño”, recuerda entre lágrimas.

Justo ese día iban a operarla. La mujer tenía cuatro meses esperando para ser intervenida quirúrgicamente por padecer de fibromatosis. La crisis hospitalaria la vivió en carne propia. Falta de insumos, de anestesiólogos, contaminación en los quirófanos, entre otros, fueron algunas de las razones por la cual pospusieron la intervención en el transcurso de esos 120 días.

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“Eso en parte contribuyó para que Bassil decidiera ir a marchar aquel día. Estaba indignado por el tiempo que esperé para ser operada. Los dolores eran tan fuertes que me ponían calmantes por la vía. Mi pobre muchacho padecía en buscarme las medicinas porque no se encontraban” cuenta Jeneth, quien el día antes de perder a su hijo le pidió que no participara en la marcha, pero éste le prometió que al terminar de manifestar estaría junto a ella. Esas fueron las últimas palabras que le dirigió a su madre.

Justo en el momento que Da Costa recibió el disparo, el médico avisó a Jeneth que otra contaminación en quirófano le impediría ser operada. Ya la tía de Bassil, Judith Vaamonde, sabía que había muerto. Se enteró que la bala había llegado a su cabeza. “A ese lo mataron”, concluyó luego de varias llamadas.

“Yo me quedé con Jeneth y me vine a la casa. ¿Cómo hago para decirle a mi hermana?”.

Los familiares que estaban al tanto de lo que sucedía en el hospital urgieron a Judith a que llevara a su hermana a la casa y que le dieran goticas de valeriana para que se calmara. Bassil ya había fallecido en la sala de emergencias. Ella no encontró la fuerza para decirle a la madre del joven que su hijo había muerto. Fue la mayor quien le dio la noticia.

Da Costa fue asesinado a los 23 años de edad. Se graduó de bachiller, pero por la crisis económica no pudo iniciar sus estudios superiores, comenzó a trabajar. La idea era ahorrar y aportar en su casa. Jeneth ha sido madre y padre para sus tres hijos.

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Bassil quería ser diseñador gráfico. Desde hace no mucho se dedicaba a la carpintería. Ya había sacado sus papeles para inscribirse en un instituto universitario justo la misma semana que fue asesinado.

Los pasatiempos del joven eran el fútbol, el surf y estar en su casa jugando Playstation. Conoció varias ciudades de Venezuela, porque formaba parte de la barra del Táchira Fútbol Club. Su sueño era poder ir al Mundial Brasil 2014.

“Se sacó su pasaporte. Íbamos hacer un gran sacrificio para que viajara, y disfrutara de lo que tanto quería, ir a Brasil”, comentó Frías.

La madre de Bassil no ha recibido apoyo por parte del Gobierno nacional. Lamenta que hace unos días pidió reunirse con la presidenta del Tribunal Supremo de Justicia, Gladys Gutiérrez, pero no fue atendida. Lo mismo ocurrió con el defensor del pueblo, Tareck William Saab.

“Gladys Gutiérrez estaba muy ocupada, ese día recibió a las víctimas de las guarimbas y el defensor no me aceptó porque supuestamente a mí me respaldaba el Foro Penal, y no es así. A mí me apoya Fundesis”, contó.

Sin embargo, no pierde las esperanzas de que se haga justicia. “Tengo toda la paciencia del mundo, porque yo sé que la justicia divina siempre llega. En este país no creo en la justicia terrenal. Se hace injusta y tardía”, dijo la mujer. Por otro lado rechazó que en algunos casos si ha habido voluntad por esclarecer los hechos.

“¿Por qué en el caso de Robert Serra y de Otaiza si hubo justicia rapidito? ¿Por qué para otros no es así? La justicia tiene que ser para todos, no importa el partido político al que pertenezcas. Debe ser igual para todos”, enfatizó mientras le secaba el cabello a una clienta. Jeneth es peluquera desde hace 20 años. Con ese oficio ha sacado adelante a sus tres hijos. Bassil era el del medio. La mayor tiene 28 años y la hija menor apenas 16 años de edad.

El consuelo de Frías es que su hijo no es un asesino y tampoco es uno de los estudiantes presos por protestar. “Me duele no tener a mi muchacho, pero al menos sé que está descansando. Pienso en esas madres que tienen a sus hijos en ‘La Tumba‘ y me da mucha tristeza. A ellos los están matando lentamente”.

La madre de Bassil asegura no guardar rencor hacia los homicidas de su hijo. “Pido a Dios mucha piedad y misericordia para ellos”.

La carga del primo

Jhorman se siente muy culpable, dijo Judith. Cuando hirieron a Neisen en el glúteo con un perdigón, Bassil insistió en llevarlo a un hospital y su primo le dijo que no se iban a ir, que eso era “solo un perdigonazo”. “¿Vas a flaquear? Yo de aquí no me voy”, sentenció Jhorman. Bassil le respondió “No te voy a dejar solo”.

Ahí fue que comenzaron los tiros y se separaron. Lo demás lo muestra el video.

Información de: El Estímulo / Colaboración de Andrea Hernández / Daniela Nougues

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