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¡EL BOLÍVAR YA NO VALE NADA! Con Bs. 500 es casi imposible comer algo decente en la calle

Definitivamente comer en la calle se ha convertido en un lujo. Y es que en los establecimientos de comida rápida, que hasta el año pasado eran una alternativa para saciar el hambre y poder comer algo diferente con un precio relativamente accesible, actualmente ante la situación país, el panorama es otro.

Si usted cuenta con menos de 500 bolívares no se atreva a salir a comer en la calle porque lo más probable es que solo le alcance para un aperitivo y no para un almuerzo como Dios manda. Además, si es de buen comer, regresará a su destino con depresión y en el peor de los casos con el estómago vacío. No quiero ser pesimista, pero es la realidad.

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Antes, en una feria de comida de cualquier centro comercial, la tarea más difícil era escoger qué tipo comida le provocaba, pero ahora la mayoría de las personas recorre hasta dos veces el lugar no para decidir qué comer, sino para cazar la oferta del día. El menú para una sola persona puede acarrear un gasto “mínimo” y limitado de Bs. 499, hasta precios que oscilan los 600 y 950 bolívares.

Con el nuevo aumento del 10 por ciento que entró en vigencia este 1 de julio, el salario mínimo pasó de Bs. 6.746,97 a Bs. 7.421,67, situación que los establecimientos de comida rápida aprovecharon y amanecieron este miércoles con nuevos precios. Ese aumento de 674,7 mensual, que diario corresponde a Bs. 22,49, solo puede alcanzar para un almuerzo, no familiar, sino individual y de comida conocida como “chatarra”.

Una persona que gane sueldo mínimo quincenalmente cobrará Bs. 3.710,83, y si le tocara comprar comida hecha en la calle todos los días, solo le alcanzaría aproximadamente para seis días, calculando cada egreso sobre los 600 bolívares y sin incluir otros gastos.

Al parecer ya los venezolanos están resignados a que cada día los precios amanezcan por las nubes, pero aseguran que no les queda otra opción que seguir comprando, aunque la mayoría de las personas consultadas por el equipo de Sumarium.com admitió que sus almuerzos en la calle ya son limitados; si antes se comían tres piezas de pollo ahora son dos y sin bebida. Si era una hamburguesa, tenía que ser la más grande y con extras, pero ya no es así, actualmente tiene que ser la más sencilla y si las papas son opcionales, tampoco entran en el menú para evitar más costos.

Iván Gutiérrez, quien se encontraba en una feria de comida de un centro comercial del este de Caracas, nos comentó que cuando no lleva almuerzo para su trabajo, unas tres veces a la semana, le toca recurrir a uno de los tantos establecimientos de comida rápida o por peso, algo que afecta sensiblemente su presupuesto porque “los precios están altos”. Sin embargo, nos confesó que si quiere ahorrarse un poco aprovecha una promo de McDonald’s.

“Por lo general gasto sobre los 600 bolívares cuando me apetece comer algo sustancioso”, reconoció.

Por su parte Milly Peña señaló que “todo” está muy caro, y por “como está la situación país”, solo puede darse “el gusto” de comer en la calle una vez a la quincena.

Algunos son más osados o tienen otras posibilidades, como la estudiante Ingrid López. Recorrió la feria y cuando vio el plato que se le antojó sacó la cuenta del dinero que tenía ahorrado y se dio un real gusto: un almuerzo que constaba de pollo, arepas, papas fritas y refresco, con un costo de… ¡920 bolívares!

VENDEDORES SE JUSTIFICAN

Durante el recorrido por algunos de estos establecimientos, tanto encargados como vendedores admitieron que realmente los precios son altos, pero que la situación económica del país obliga. Argumentaron que cada vez que les llegan los productos, tienen otro precio.

“Todo está muy costoso, uno trata de tener los precios un poco por debajo de los demás establecimientos, pero por lo general están parecidos”, comentó un vendedor que prefirió guardar el anonimato.

El encargado de un establecimiento de churros destacó que las ventas están atascadas por los precios de los productos, a lo que se suma la escasez de agua para trabajar y vender. Sin embargo, se las ingenia para salir adelante. “La gente llega, ve los precios, los vuelve a observar detalladamente y finalmente es cuando se decide y pide agua. La compra, se echa para atrás… yo lo comprendo, después de un dulce hay que tomar agua”, dice medio en chanza. Aseguró que en toda la feria de comida no hay agua y la poca que le llega trata de venderla solo si la persona compra los churros.

Fuente: Sumarium.

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